Cuando el 18 de enero de 1535 Francisco Pizarro fundó Lima y puso nuestro territorio al servicio del emperador Carlos V y su madre la reina Juana, nunca imaginó que sería una ciudad de más de ocho y medio millones de habitantes, con una tasa de crecimiento anual de 1.2 %, según la cifra oficial del censo del INEI del año pasado, dada a conocer en junio último.
La densidad demográfica de Lima nos permite ver una ciudad multicultural y explosiva que tiene grandes retos para el alcalde Muñoz, quien deberá dar la talla frente a las expectativas reflejadas en el voto popular del pasado 7 de octubre.
Hábitat III, que se desarrolló en el año 2016 en Quito, estableció la nueva Agenda Urbana, y en forma innovadora se reconoció el derecho de las ciudades, con lo cual se dio un gran paso para evitar el avasallamiento desmedido de diversas intervenciones que vulneran los Centros Históricos. Hemos escuchado al alcalde Muñoz referirse a este tema y señalar que priorizará los objetivos de un desarrollo sostenible.
Sin embargo, pese a que todos somos conscientes de que el Centro Histórico de Lima es el corazón de la identidad y la diversidad de nuestro país, a la vez se concentran los escenarios más agudos de inseguridad, precariedad, vulnerabilidad y exclusión, por lo que advertimos que de la lectura del plan de gobierno del alcalde electo no aparecen esos factores como prioritarios.
No hay tiempo para quejas ni para alegar falta de recursos; cuando los diversos candidatos a Lima se postularon, sabían del reto que enfrentaban y del poco tiempo que nos queda para el Bicentenario.
El camino a seguir para la protección de nuestro patrimonio monumental en la capital, parte en primer lugar por priorizar el problema, y lo más importante, encontrar soluciones; en segundo lugar, por ubicar la gente idónea que conduzca este proceso, demos la oportunidad a jóvenes profesionales que pueden darle esa dosis de innovación en ideas y propuestas; y como tercer aspecto, nunca dejar de pensar que la gran aspiración de todo ciudadano es vivir en una ciudad sostenible, resiliente, participativa, segura e inclusiva.
Lima fue la capital del Virreinato y solo podrá ser en el futuro la capital líder en Latinoamérica si tiene voluntades decididas a lograr ese objetivo. No negamos que el reto es grande, pero cuando se recibe el mandato popular, que contiene la ilusión y la esperanza de millones de ciudadanos, esta es la principal fortaleza para hacer una excelente gestión.
Ya basta de alcaldes mediocres para nuestra Lima Patrimonio Mundial.

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