Repasamos comentarios de algunos, dizque líderes políticos y congresistas, sobre los resultados del referéndum del domingo 9, y no podemos menos que traer a colación la famosa frase de Talleyrand después de que los Borbones volvieran a París del exilio, en 1814. Los reyes de Francia demostraron que habían perdido con razón su país en la revolución hacía 25 años. Se comportaban como si no hubiera pasado nada, de forma que Talleyrand, el zahorí ministro de Asuntos Exteriores, que había sobrevivido a todos los regímenes, dijo sobre los monarcas: “No han aprendido nada, y no han olvidado nada”.
Igual nuestra maltrecha clase política en general y los congresistas en especial. Nada aprenden del tremendo jalón de orejas que les ha propinado la ciudadanía en las urnas; nada olvidan de sus mañas, triquiñuelas y malabares dialécticos para tratar de disfrazar el evidente repudio que concitan. Y que se han ganado a pulso, por cierto, dando cada día un espectáculo peor que el otro tanto en lo político como en lo ético.
Y aunque mal de muchos puede parecer consuelo de tontos, no podemos dejar de mencionar que esta ceguera del establishment no es patrimonio exclusivo del Perú. También en otras latitudes la clase dirigente se ha puesto de espaldas a la gente y al sentido común hasta el extremo de perder toda perspectiva. Y además son ‘picones’ que no admiten su derrota. En Estados Unidos hace dos años cuando ganó Trump, así como en Brasil hace pocas semanas, al triunfar Bolsonaro, han insultado a los votantes calificándolos poco menos de borregos que se dejan llevar de las narices. Igual aquí. No les entra en la cabeza que el ciudadano tenga sentido común y se haya hartado de ellos, aunque es evidente que los populismos de derecha son iguales de dañinos que las propuestas chavistas.
No, señoritos del Congreso y de los partidos. El pueblo es más sabio de lo que ustedes creen. El “sí, sí, sí, no” barrió con ustedes no porque haya habido fraude, o una propaganda que lavó los cerebros de millones de votantes. Ganó por puro sentido común y hartazgo ante un estado de cosas que no podía seguir así. Y mejor que las reformas vengan desde dentro del sistema, como está propugnando el presidente Vizcarra, que no es santo de mi devoción, a que siga la podredumbre y que reviente el chupo y brote pus a través de un aventurero populista de extrema izquierda o de extrema derecha.
Estoy seguro de que en el 2021 emergerá de las urnas una clase política renovada y principalmente que trabaje por primera vez en la historia de la República por los que menos tienen.

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