La historia que contiene América Latina y el Caribe en su territorio es el sostén del empoderamiento emergente de nuestra región a escala global. Con 96 bienes culturales, 37 naturales y 5 mixtos, suman un total de 136 bienes declarados como Patrimonio Mundial (World Heritage) o Patrimonio de la Humanidad por UNESCO, que en el marco de la “Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural”, aprobada en 1972, cumple el objetivo de conservar núcleos urbanos originarios vinculados con la tradición, la cultura y la identidad.
La ciudad de Quito es la primera en ser incluida en esta lista el año 1978; hoy con sus 40 años de declaración, es una de las ciudades más significativas por su valor monumental. Con una inversión de US$ 675 millones hasta el 2017, revitalizó y recuperó su centro histórico. Fue sede del Hábitat III en 2016 y actualmente es Presidente del Comité de Administración de la Organización de Ciudades del Patrimonio Mundial (OCPM), organización de la cual el distrito del Rímac ostenta la Secretaria Regional para América del Sur, significando para el país una oportunidad de gestionar los mecanismos de promoción, desarrollo e inversión que se han dado en la región.
El Perú lleva algunos años analizando el acceso a fondos para el financiamiento de sus centros monumentales con valor histórico, sin embargo cada vez se ve más alejada la determinación de ponerla en práctica, en el contexto de la fragilidad existente entre el Ejecutivo y el Legislativo, que hoy se muestran como una alerta de riesgo a la gobernabilidad y el Estado.
Por ello, resulta correspondiente a la fragilidad existente de la que conduce las políticas públicas. En nuestro país cambiar el ministro de Cultura es un hobby de los presidentes.
Es pertinente señalar que nuestras ciudades carecen de políticas públicas que nos lleven a una sostenibilidad y autogestión. Si bien en los últimos años, en atención al Decreto Legislativo 1224 del Marco de Promoción de la Inversión Privada mediante Asociaciones Público Privadas y Proyectos en Activos, se han podido generar mecanismos de alianzas para la inversión, no ha tenido como objeto primordial la recuperación de espacios que contengan valor monumental ni cultural.
Es fundamental, en los procesos de la reforma del Estado, promover la descentralización de la inversión como complemento de la planificación ordenada.
Convencido de que estamos a la mitad del camino de este proceso, es necesario multiplicar esfuerzos de la clase dirigencial de nuestro país. Sin embargo es evidente que actualmente ningún candidato a la alcaldía de Lima tiene claro este tema.
Esperamos que para el 2022 las propuestas tengan como eje fundamental la historia y la identidad de nuestra capital, y superar con creces a esta mediocre campaña municipal 2018

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